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Institucional

La Federación Argentina de Instituciones de ciegos y Amblíopes FAICA es la entidad que nucléa y representa a las organizaciones de personas ciegas de todo el país, desde San Salvador de Jujuy, en el norte del país, hasta la patagónica Río Gallegos.

FAICA forma parte del Comité Asesor de la Comisión Nacional para la Integración de Personas con discapacidad (CONADIS), así como también distintos espacios y foros donde se trabaja por los derechos humanos de las personas con discapacidad.

FAICA fue fundada el 13 de diciembre de 1986, como resultado de los esfuerzos que por esos años llevaron a cabo los directivos de las dos organizaciones existentes para generar una única y representativa organización de ciegos en el país.

Nuestra Federación está afiliada a la Unión Mundial de Ciegos y a la Unión Latinoamericana de Ciegos, sumándose así a la tarea que las personas ciegas llevan a cabo en todo el mundo para lograr su inclusión en la sociedad.

En este espacio se podrá acceder a los Estatutos Sociales y otros documentos de interés como actas y posicionamientos que FAICA adopta acerca de diferentes temas de relevancia para la inclusión de las personas con discapacidad visual en la comunidad.

1: Estatuto social vigente.

 2: SISTEMA BRAILLE Y TECNOLOGIA:

FAICA FIJA SU POSTURA.

En nombre de la Federación Argentina de Instituciones de Ciegos y Amblíopes (FAICA),  asociación  civil sin fines de lucro que representa legítimamente los intereses de las personas con discapacidad visual de la República Argentina, presentamos, en este documento, los criterios que a nuestro entender deben tenerse en cuenta al momento de iniciar el proceso de alfabetización en los niños con discapacidad visual.

A lo largo del tiempo, el uso y los alcances del término “alfabetización” se han modificado según las distintas concepciones de lo que implica estar alfabetizado, en función de los cambios políticos, ideológicos, educativos y culturales de la sociedad.

Mientras que la pedagogía tradicional entendía este proceso como la simple codificación y decodificación de los signos que componen  el alfabeto, las concepciones modernas trascienden este enfoque. Así, una idea central en los estudios recientes sobre la alfabetización es que la escritura y la lectura son formas de construir, interpretar y comunicar significados.

Se trata, entonces, de desarrollar en el alumno las habilidades cognitivas y las competencias lingüísticas que le permitan el ingreso, la apropiación y la participación en el proceso de creación de lo que llamamos cultura en sentido amplio; desde su desenvolvimiento en la vida cotidiana basado en la sociabilidad a través de las relaciones interpersonales, hasta las formas del arte, la ciencia y los lenguajes simbólicos.

Esta definición abarcativa, comprende las  nociones de alfabetización digital o alfabetización científica, lo que muestra la riqueza del término. Sin embargo, cuando se habla de alfabetización

Sin un adjetivo que lo acompañe, su uso remite al proceso de aprendizaje

De la lectura y la escritura, lo cual  no implica desconocer que este proceso redunda

En el desarrollo del habla y la escucha. Ni que, inversamente, el desarrollo de estas últimas colabora fuertemente con la lectura y la escritura.

Lejos de ser una adquisición natural, La alfabetización constituye un proceso profundamente social, en el cual la forma de emplear los saberes depende del entorno y las situaciones concretas.
En el marco de las interacciones con otros, los chicos aprenden intuitivamente a hablar. No sucede lo mismo con el proceso de lecto-escritura, cuya complejidad como creación cultural hace necesaria una enseñanza específica, coherente, sistemática y sostenida en el tiempo.

Para muchos niños, la escuela representa el único lugar donde aprender a leer y a escribir. En consecuencia, la asunción consciente del rol alfabetizador por parte de la institución y del maestro resulta imprescindible.

En los últimos años, la generalización de las nuevas tecnologías ha provocado una notable transformación en las distintas esferas de la vida social.

Las ventajas que reporta el uso de la informática son comunes a todas las personas: la disponibilidad de información y de recursos, la posibilidad de intercambiar conocimientos y experiencias a través de una conexión instantánea que  borra las distancias geográficas, etc.

Hoy es posible almacenar miles de bibliotecas en un minúsculo dispositivo virtual, con el ahorro de espacio que ello conlleva. Se trata de  un avance que no nos cansaremos de celebrar, ya que ensancha las potencialidades a un radio de acción antes insospechado.

Pero las tecnologías por si solas no resuelven la problemática de la alfabetización, y lejos están de proporcionarnos  soluciones mágicas.

Si un niño dentro de su computadora tiene a la mano una biblioteca de Alejandría y  carece de  las competencias lingüísticas requeridas para comprender los textos a su disposición, no podrá otorgarles un sentido y su experiencia de contacto con esa realidad quedará trunca.

De ahí la importancia de cimentar una base sólida a partir del manejo del braille, que dará sustento a los desarrollos que se adquieran a través del conocimiento de la informática.
Así como las personas que ven continúan valiéndose del lápiz y el papel para llevar a buen término el aprendizaje, las personas con discapacidad visual hemos de seguir utilizando el braille como base de la alfabetización.

En el caso que nos ocupa, en el trabajo de las escuelas especiales que abordan las necesidades de los niños ciegos, el rol de la institución escuela que mencionábamos más arriba se evidencia claramente, ya que el acceso a la lecto escritura en sistema braille no se alcanza en la relación con el entorno social, como podría ocurrirle a los niños sin dificultades visuales.

Si hacemos una rápida revisión histórica, observaremos que, antes de la aparición del sistema de lecto escritura Braille, las personas ciegas no ingresaban a la educación formal y quedaban marginadas de la producción cultural de la sociedad. Quienes consideraban importante su formación diseñaron modos de lectura con los caracteres visuales grabados en relieve, pero este método no permitía la escritura de los propios ciegos y los volúmenes resultantes eran inmanejables debido a su excesivo tamaño.

Fue con la invención del sistema braille que el colectivo que representamos accedió plenamente a la educación, el conocimiento y la cultura, haciendo realidad su independencia e integración social.

Al dar la posibilidad de acceder a la información de forma autónoma, a partir de la lectura silenciosa –íntima- de los textos, sin la mediación de voces humanas o sintetizadas, el braille facilita el aumento de la atención y contribuye a la mejor captación de lo aprehendido. Por lo tanto, constituye un medio de alfabetización esencial para las personas ciegas.

La adquisición y desarrollo de técnicas expresivas —ortografía, puntuación, estilo— precisan del conocimiento directo y del contraste casi continuado —aprendizaje por imitación y auto evaluación—: sólo posibles y efectivos si hay un contacto calibrador de detalles, con intensidad y ritmos decididos por el lector”. (Fernández del Campo, 2001).

Gracias al braille, las personas ciegas pueden adentrarse en el aprendizaje de la lengua, en el conocimiento de las matemáticas y en el estudio de la música, mediante la lectura y escritura de partituras –campo este último  que de no ser por el braille quedaría vedado a los ciegos.

Otra dimensión a destacar, derivada de la importancia de la alfabetización para la vida cotidiana, es la función que día a día cumple el braille en los actos más simples de la vida diaria, susceptible de ser aprovechada por el niño en la edad escolar y en las etapas posteriores. He aquí algunas formas de emplear el braille, más o menos desarrolladas según las circunstancias:

Inscripciones en los envases de medicamentos y productos alimenticios; rotulado de los botones del ascensor; señalética en los espacios públicos; etiquetado de artículos para el hogar y elementos como CDS y DVDS; barajas y juegos adaptados como el Scrabble; impresión de cartas de restaurantes; información bancaria y factura de servicios, entre otras.

Finalmente, digamos que para los sordociegos el braille se convierte en un sistema de comunicación indispensable.

Por lo expuesto, sostenemos que el uso de la informática y el uso del sistema braille, lejos de excluirse mutuamente, se complementan y pueden coordinarse para un mejor aprovechamiento de las ventajas que cada uno posee.

En los países más avanzados en la temática, se combinan acertadamente los recursos basados en la síntesis de voz con los dispositivos del braille virtual, y lo mismo sucede si nos referimos a las ayudas ópticas.

Pero la necesidad de estas combinaciones no debe inducirnos a error. Existen prioridades bien definidas, y un estudiante ciego debe conocer en primer lugar el braille, su sistema de lectoescritura por excelencia.

El uso de la informática desde los primeros años de la formación escolar, en desmedro del aprendizaje del sistema braille, puede resultar más amigable para el docente, incluso podría pensarse que es más inclusivo porque el alumno maneja un mismo sistema de escritura cuando está compartiendo con alumnos sin discapacidad visual. Pero no podemos quedar atrapados en este reduccionismo, ya que si limitamos a nuestros alumnos a digitar en un teclado y escuchar lo que el equipo devuelve, sin llevar a cabo los procesos cognitivos propios de la lectoescritura, estaríamos volviendo a la oralidad.

Si eliminamos estos procesos cognitivos, difícilmente nuestros alumnos alcancen la abstracción necesaria para apropiarse de los productos culturales y crear otros nuevos, reduciendo la educación simplemente al hecho de escuchar sin producir.

Desde la federación argentina de instituciones de ciegos y Amblíopes, consideramos que el uso de las nuevas tecnologías como recurso de acceso a la información escrita es invalorable, pero de ninguna manera este recurso puede reemplazar al proceso de lecto escritura, sino que debe apoyarlo y promoverlo para que nuestros niños y niñas puedan acceder, apropiarse y ser creadores de productos culturales y no solo meros receptores auditivos de la producción de los otros.

La utilización de las nuevas tecnologías podrá incluso tornar más atractivo al Sistema Braille, siempre y cuando los docentes se capaciten y promuevan la complementariedad necesaria para posibilitar la adquisición de la lecto escritura con recursos diversos y actualizados.

Por esta razón, promovemos la utilización de la informática siempre que ésta sea el complemento del sistema de lecto escritura Braille, que es hasta la fecha el único medio por el que se alcanza la alfabetización entendida como un “proceso de adquisición de estrategias y habilidades cognitivas”.

Gladys Correa
Secretaria de Educación y Proyectos Especiales

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